7 beneficios de dormir la siesta

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La palabra ‘siesta’ viene de la hora sexta romana, referida a la sexta hora solar, que corresponde a las 12 del mediodía con respecto al sol (aproximadamente a las 14 h en nuestro huso horario), momento en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas.

Esta costumbre también se origina como consecuencia natural del descenso de la sangre, después de la comida, desde el sistema nervioso hasta el sistema digestivo, lo que provoca una sensación de somnolencia. En verano, debido al calor, esta sensación es aún más acusada.

Aunque popularmente puede parecer lo contrario, en España poco más del 16% de la población practica la siesta. El ritmo de vida de los últimos años nos ha hecho perder alrededor de 2 horas diarias de sueño, lo que puede tener consecuencias en nuestra salud. Y es que según la ciencia, dormir 30 minutos de siesta tras la comida nos aporta numerosos beneficios saludables:

Beneficios de la siesta para la salud cardiovascular

1. Previene las enfermedades del corazón: no dormir las horas necesarias aumenta la producción de cortisol, la hormona del estrés. Esta hormona, producida en exceso, aumenta la intolerancia a la grasa y a la glucosa, y debilita el sistema inmunológico y el muscular, lo que puede favorecer la aparición de diabetes y cardiopatías.

Sin embargo, mientras se duerme se libera la hormona del crecimiento (GH), que disminuye los niveles de cortisol y estimula el sistema inmunológico, reduce el estrés, mejora el sistema muscular y facilita la pérdida de peso.

2. Disminuye la tensión arterial: los estudios han demostrado que dormir entre 45 minutos y una hora reduce la presión arterial y el ritmo cardiaco. Las personas con esta costumbre tienen casi un 40% menos de probabilidades de sufrir un infarto.

Otros beneficios de la siesta

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3. Estimula el crecimiento: al dormir, el cerebro libera la hormona del crecimiento. Por tanto, la siesta debería ser imprescindible durante la infancia y la adolescencia, ya que el desarrollo depende en gran medida de la cantidad de horas que se duermen. En los bebés es más fácil, ya que hasta los tres años duermen entre 12 y 16 horas. Los adolescentes hasta los dieciocho años, deben dormir entre 8 y 9 horas, por lo que es muy recomendable completar esas horas de sueño necesarias con una buena siesta.

4. Potencia el aprendizaje y nos hace más productivos: el sueño ayuda a fijar los conocimientos adquiridos y nos predispone para aprender otros nuevos. Los recuerdos recientes, que se almacenan en el hipocampo, se transfieren al neocórtex, donde pasan a ser recuerdos a largo plazo. De este modo, aumenta en un 10% la capacidad de aprendizaje.

La pausa que se realiza en el cerebro cuando dormimos la siesta despeja la mente y aumenta la concentración, por lo que se rinde más en la jornada de la tarde. 15 minutos de sueño tras la comida, o por la noche a mitad de un turno nocturno, permite seguir después a pleno rendimiento. Si la siesta es más larga y se alcanza la fase REM, mejora la capacidad de realizar conexiones neuronales, por lo que se favorece también la capacidad de resolver problemas y el aprendizaje abstracto.

5. Favorece la creatividad: los estudios científicos determinan que dormir la siesta estimula la actividad del hemisferio derecho del cerebro, asociado a la creatividad.

6. Mejora los reflejos: un estudio de la NASA midió los efectos de la siesta en los pilotos que realizaban vuelos transoceánicos, de larga duración. Comprobó que aproximadamente 25 minutos de siesta disminuyen en un 34% el número habitual de microsueños (entre tres y diez segundos) durante el vuelo y mejora la capacidad de reacción.

7. Mejora el estado de ánimo: dormir hace que nuestro cerebro produzca serotonina, un neurotransmisor que tiene la función de regular el sueño, el apetito y el estado de ánimo y nos proporciona una sensación de bienestar. Dormir la siesta es un antídoto estupendo contra la irritabilidad y una terapia óptima para mejorar el ánimo y fomentar la positividad.

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Consejos para dormir la siesta

Para poder disfrutar de una buena siesta reparadora tenemos que tener en cuenta algunos aspectos:

Debemos encontrar un lugar cómodo, con una temperatura adecuada y sin mucho ruido ni luz. Si se padecen problemas digestivos es mejor dormir en un sillón que en la cama para evitar el reflujo gástrico. Por otro lado, como los ritmos circadianos caen entre las tres y las cinco de la tarde, es recomendable hacer la siesta justo después de comer, aprovechando la sensación de somnolencia.

Una siesta en condiciones normales no debe durar más de 30 minutos, aunque algunos días se pueden necesitar descansos más largos. Si se convierte en la norma y nuestro sueño nocturno es normal, sería recomendable consultar con un especialista para descartar trastornos del sueño o un estado depresivo que necesite tratamiento.

Así que toma nota y aprovecha la jornada reducida de verano (si la tienes), las vacaciones o los fines de semana para dar una cura de salud a tu organismo con la ayuda de una buena siesta.

Publicado el 10-08-2018
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